Manolo Valdés

Spain, 1942

BIOGRAFÍA

Manolo Valdés nació en Valencia, España en 1942. Manolo Valdés es uno de los artistas más reconocidos dentro del panorama artístico español e internacional. Pintor, escultor y artista gráfico afincado en Nueva York. Comenzó sus estudios en 1957 cuando entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, pero a los dos años los abandonó para dedicarse por completo a la pintura. Manolo Valdés creo el Equipo Crónica junto a Juan Antonio Toledo y Rafael Solbes. El primero abandonó el grupo un año después, pero Valdés y Solbes continuaron juntos hasta que este último murió en 1981. Durante 17 años el Equipo Crónica introdujo en España un nuevo lenguaje artístico cercano al movimiento pop, y supo combinar el compromiso social y político de sus autores con ironía y humor. Así, realizaban una crítica al arte y a la sociedad en los últimos años de la dictadura franquista. Fue un trabajo en el que se sirvieron de la figuración como vehículo de expresión para sus planteamientos, pero primando por encima de cualquier otro contenido el puro acto de pintar, incluso sobre la reflexión sobre la pintura. Desde el punto de vista temático, Valdés se inspira en el arte de los grandes maestros de la pintura: Goya, Velazquez, El Greco, Ribera o Zurbaran, y nunca oculta sus modelos, sino que mas bien los subraya, incluso en los títulos de sus obras. Dentro de su trabajo destaca su producción escultórica y pictórica. Después de la disolución del Equipo Crónica en 1981, Valdés continuó su trayectoria de manera independiente. Evidentemente la obra de Manolo Valdés cuenta con la herencia pictórica del Equipo Crónica, pero además en sus obras podemos evidenciar numerosas y variadas influencias, como el arte íbero y la luz de la estética mediterránea. Algunas de las pinturas destacadas de Manolo Valdés, son: Dama con tocado blanco, Chiara I, Boticelli como pretexto, y Joven con sombrero ocre. A principios de la última década del siglo XX, su pintura comienza a inundarse de naturalezas muertas y de objetos cotidianos. Destacan en su pintura sus numerosos retratos femeninos, así como las diferentes versiones de la Infanta margarita o Las Meninas. En su obra como parte de Equipo Crónica el acento estaba en la imagen, no en la identidad física del trabajo – su textura, aquello de que parecía estar hecho, su esencia corporal. En este sentido ofrecía un contraste con la otra tradición del desarrollo del Modernismo en España, representada típicamente por el trabajo de Antoni Tapies. Se había considerado a Tapies durante largo tiempo el abanderado de la oposición cultural a Franco, hasta el arribo de la nueva generación de artistas, quizás más abiertamente cínica de lo que Tapies era acerca de la hipocresía represiva del régimen de Franco. Desde que se convirtió en un solista, en vez de integrante de un dúo, Valdés había asumido la tarea de reconciliar estos dos puntos de vista tan opuestos. Seguía estando muy interesado en el poder de la imagen, la cual consideraba no sólo como algo por sí misma, como una representación de algo, sino también como un catalizador cultural. Estaba al mismo tiempo fascinado con el poder que tenía la superficie pintada para afectar nuestras emociones directamente, sin casi referencia a lo que representaba. Valdés posee una amplia perspectiva cultural. Observa los retratos del Renacimiento y observa también las trivialidades de la cultura del consumismo contemporáneo – hay pinturas en las que aparecen barquillas de helado. Lo que todas sus pinturas tienen en común es el color resonante y la textura suntuosa – esta última lograda mediante el uso de todo tipo de técnicas poco ortodoxas, siendo la principal entre ellas el collage. Valdés usa en sus esculturas procedimientos similares. La serie Cabezas está obviamente relacionada con las tres Damas de Barajas gigantes que creó Valdés en 2003 para el aeropuerto de Barajas en Madrid. Estas elegantes damas tienen distinguidas antepasadas. Puede relacionárselas con Mlle. Pojany de Brancusi y también con Kiki de Montparnasse de Pablo Gargallo y sus máscaras de Greta Garbo. Con frecuencia los escultores modernistas se han adaptado hábilmente a los caprichos de la moda, siendo éste el caso de Valdés, quien entiende el impulso que sienten las mujeres de moda, de todas las épocas, de aspirar a convertirse en ídolos – la manera en que usan la ropa y los adornos para trascender lo cotidiano y lo mundano. Los sombreros y peinados fantásticos con que viste a estas mujeres aluden también, más de pasada, a las diosas pintadas por Cranach, que esperan el juicio del joven mortal Paris vistiendo meramente sus sombreros de plumas. Al igual que sus pinturas, las esculturas de Valdés ocupan una situación clave en la historia del arte de nuestros días. Para simplificar las cosas – quizás, de hecho, para sobre-simplificarlas – ha habido una lucha continua entre la forma y la narrativa. Los primeros modernistas eran esencialmente formalistas y el arte del pasado lo reinterpretaron estudiosos como Bernard Berenson para conformarlo a estos nuevos valores. Hablando sobre la Madona del Renacimiento, Berenson quería dirigir la atención del espectador, no al mito cristiano y al lugar que en él ocupa la Virgen, sino a la entrega real en forma táctil. Artistas que se consideran de “avant-garde”, se han ido alejando, a través de etapas graduales, de esta posición y regresado a las narrativas sociales y políticas que interesaban a los victorianos. Los medios físicos son con frecuencia muy diferentes a los usados por los artistas a fines del siglo XIX, pero las pre-ocupaciones que yacen en el fundamento del trabajo no lo son. Valdés, al igual que los artistas españoles de su generación, es producto de una época de gran agitación política. Al mismo tiempo, sin embargo, ha seguido teniendo vivamente presente y se ha adaptado rigurosamente a los valores fundamentales de la cultura española. En su obra estos valores se filtran través de una sensibilidad post modernista excepcionalmente original. Sus premios En su trayectoria como artista recibió gran cantidad de premios, entre los que se encuentran: Premio Lissone, y Premio Biella, ambos en Milán, en el año 1965; Medalla de plata de la II Bienal Internacional de Grabados -en Tokio- y Premio del Museo de Arte de Bridgestone -en Lis'79, Lisboa, Portugal- en el año 1979. Luego, en 1984, obtuvo el Premio Alfons Roig, en Valencia; un año más tarde recibió el Premio Nacional de Bellas Artes, en España. En 1986 fue galardonado con la Medalla de la Bienal del Festival Internacional de Artistas Plásticos, en Bagdag. Por último, en 1993 recibió la Condecoración de la Orden de Andrés Bello en la clase de Banda de Honor, en Venezuela. Acerca de su obra Dicen los expertos que la obra del pintor valenciano Manolo Valdés "plantea un juego visual que induce al observador a indagar en su memoria cultural y reconocer iconogramas propios de la historia del arte". Continúan con que "tanto en la pintura como en la escultura subyace un sentimiento de `tactilidad` en el tratamiento que le da a los materiales, con una paleta pródiga, plena de corporalidad, de gestos amplios sustentados por grandes formatos". Asimismo, evidencia en su trabajo la práctica pictórica; y son Rembrandt, Rubens y Matisse los artistas constantemente citados por este destacadísimo hombre del arte. En su obra está tácita tanto la idea de libertad formal como temática, dado que en su colección tiene incluidos el ratón Mickey, una carta de póquer y un desnudo inspirado en Matisse. Así es, así lo manifiesta en su arte, con la grandeza de quienes saben lo que quieren y no les importa el qué dirán.

Obras de Manolo Valdés