Manuel Mendive Hoyo

Cuba, 1944

BIOGRAFÍA

Manuel Mendive nació en La Habana, Cuba an 1944. Artista de la plástica cubana de gran versatilidad, heredero de la tradición y la cultura africanas en Cuba. Premio Nacional de Artes Plásticas. Mendive es uno de los artistas plásticos contemporáneos más prestigiosos a nivel nacional e internacional que la isla ha dado. Su incursión en la plástica se remonta a 1955 cuando, siendo un niño, recibió el primer premio con un dibujo realizado a crayola en el Concurso Internacional de Pintura Infantil, organizado por la UNESCO de conjunto con la Sociedad Morinaga de Exaltación a la Madre, en Tokio, Japón. Se graduó en la Escuela San Alejandro en Pintura y Escultura de La Habana en 1963 y, a partir de ese momento, su vida quedó ligada al arte. Muy influido por la religión Yoruba desde su niñez, Mendive hizo de esta creencia su máxima expresión plástica; su inspiración. Cinco años después, en 1968, obtuvo el premio colectivo Adam Montparnasse a la joven pintura en el XXIV Salón de Mayo en París. Su abuelo lo introdujo en el conocimiento de los yorubas, etnia africana cuya cultura tiene continuidad en Cuba. Con este bagaje personal, su talento artístico lo convierte, a la postre, en el continuador del espíritu colectivo de la raíz africana, bajo el compromiso histórico con su antecesor, el internacionalmente conocido WifredoLam. Mendive crea un legítimo universo con la poesía emanada de las deidades afrocubanas. En sus esculturas iniciales se percibía el encuentro con sus fundamentos de practicante, distinguido por la presencia de un mundo conceptual que interrelacionaba entorno, tradición, religiosidad y sincretismo. Desde su entrenamiento teórico y práctico Mendive se apropia de la imaginería del panteón yoruba, de sus ceremonias y símbolos, propios del culto, y desarrolla el proceso creativo a partir de los rituales. Este vínculo con la creencia religiosa deviene en su obra estrategia simbólica, que le permite abrirse a amplios mecanismos expresivos, con una estética que busca la reflexión artística a partir de la experiencia vital. Mendive, de su retiro en la finca Manto Blanco, en La Loma de la Peregrina en las afueras de La Habana, asimiló la experiencia espiritual de la naturaleza y demostró que, como antes dijera Lydia Cabrera, persiste en el “negro cubano” la creencia en la espiritualidad del monte, donde habitan las divinidades ancestrales y los poderosos espíritus de cuya benevolencia depende el camino vital del hombre. Recibió el Premio Internacional en la II Bienal de La Habana, en 1986. Con la apropiación del body art y el performance, concibió un enorme espectáculo de gran movimiento, de dimensión física y espiritual, dentro del cual incorporaba la tradición musical y danzaria afrocubana en un ámbito multidisciplinario. En 2001 recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas. Ese año se inscribió dentro de su carrera ascendente como un hito. El jurado acordó por unanimidad concederle tal distinción, lo cual insertaba al artista dentro de un grupo de creadores cubanos muy relevantes, entre los que se encontraban Raúl Martínez, Rita Longa, Agustín Cárdenas, Raúl Corrales, Alfredo Sosabravo, Julio Girona, Antonio Vidal y Ruperto Jay Matamoros. Mendive resultó premiado dada su excelente trayectoria, caracterizada por la constante producción renovadora, la originalidad, la actualización de los elementos de raíces africanas, así como por la ampliación de su impacto fuera de las galerías hacia el medio social, donde había logrado, a través del performance, articular el arte con la participación popular. Este hecho afianzó la trascendencia de una labor sostenida y sistemática desde mediados de los años sesenta y patentizó los influjos de su sensibilidad y aliento poético en el entorno cultural internacional. En su carrera artística, Mendive ha participado de la riqueza y variedad del arte contemporáneo al incursionar en diversas disciplinas: dibujo, pintura, grabado, escultura, tapiz, instalación, body art y performance, en las cuales aflora el significado antropológico de su proyecto en diferentes soportes: madera, papel, tela, metal y piedra, afianzadas en un apropiado uso del color y realzadas con tierra, caracoles o conchas que otorgan fuerza y vitalidad, y trasmiten el sentido telúrico de una propuesta de interconexión mítica. Con un imaginario personal y distintivo, Mendive proyecta su fantasía y creatividad como metáforas del nexo entre lo profano y lo divino, y como expresión genuina del mágico mundo del culto. Su peculiaridad radica en que ofrece un universo artístico en sintonía con su entorno, mediante una proyección humanística que devela la existencia de la naturaleza a partir de lo mediato, de lo circundante, actitud que tipifica el enfoque de su labor. Muestra cómo los fenómenos de la naturaleza repercuten en los seres humanos y pone de manifiesto los presupuestos socio-culturales que desbordan su obra, en tanto constituyen fuente dinámica de un proceso creativo que invita a reflexionar sobre el devenir de la existencia. Mendive posee un amplio repertorio, concebido en virtud del sincretismo de las culturas caribeñas con las europeas y africanas, origen y tronco común de la transculturación de nuestros pueblos, en términos de Fernando Ortiz Fernández, y de sus identidades ideológicas y rituales. Se vale no sólo de la pintura, sino de otros materiales en el intento de acercarnos a las culturas originarias. La incorporación de objetos extraartísticos contribuye a reforzar la significación de la tradición iconográfica recuperada del arte de las antiguas civilizaciones. Dotado de una enérgica fuerza, Mendive descubre lo maravilloso de lo cotidiano, desde una veneración religiosa profundamente sedimentada en su práctica como creyente. Su inspiración metafórica se afianza en la autenticidad del credo, desde un interés que rebasa lo meramente narrativo de la escena, para situar un cuestionamiento filosófico y conceptual de gran alcance en el ámbito intelectual. Manuel Mendive se inserta con fuerza en el ámbito local e internacional mediante los nuevos lenguajes que accionan en el contexto latinoamericano. Defiende el mestizaje, convive con las creencias mitológicas e integra a su arte la realidad pragmática de la existencia diaria, con lo cual presenta un discurso artístico cosmopolita sin perder su identidad. Reafirma, así, su posición dentro del arte vanguardista cubano. Su obra, esencia de la cultura afro-cubana, muestra el estado mental del artista en cada momento de su vida. Explora su mundo interior y lo plasma en sus lienzos. Para todos aquellos que desconocen la religión Yoruba puede tratarse de una obra grotesca o ruda pero Mendive ha vuelto a abrir el camino hacia lo encriptado y el significado propio que cada uno queramos darle a la obra.

Obras de Manuel Mendive Hoyo