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Salvador Dalí estaba obsesionado con la ciencia. Foto: Archivo.

La obsesión de Salvador Dalí por la ciencia

La obsesión de Salvador Dalí por la ciencia

En sus últimos años de vida, a Salvador Dalí le costaba mucho esfuerzo leer. Por eso, Montserrat Aguer se convirtió en su lectora. La hoy directora del Centro de Estudios Dalinianos de la Fundación Gala-Salvador Dalí le leía las obras que el artista pedía, entre ellas, la revista Scientific American, puntera en información científica. "Mostraba un gran interés por su contenido", confiesa Aguer. Por eso, no es de extrañar que, cuando falleció, en su mesilla de noche descansara el libro 'What is life?', del físico Erwin Schrödinger. "No podemos entender la obra de Dalí en su totalidad sin la influencia de la ciencia", asegura Aguer.

"Esta imagen indica que Dalí estaba muy atento a la actualidad científica desde muy joven", explica el físico Jorge Wagensberg, director científico de la Obra Social La Caixa. El pintor estaba suscrito a numerosas revistas científicas y su biblioteca la formaban decenas de libros de física, matemáticas, biología y psicología, con anotaciones en los márgenes y preguntas que el mismo Dalí se encargaba de trasladar a los científicos.

En 1985, Wagensberg, joven físico de la Universidad de Barcelona, organizó un debate titulado 'Cultura y ciencia: determinismo y libertad'. "Cuando Dalí se enteró, me invitó a celebrarlo en su Museo, en Figueres", afirma. Investigadores, filósofos, escritores y artistas componían el selecto público del simposio, al que asistieron premios Nobel y otros científicos de primer nivel como Ilya Prigogine, Peter Landsberg, Günter Ludwig, René Thom y Ramón Margalef. Dalí, con un estado de salud delicado, contempló todas las ponencias a través de un televisor y saludó uno a uno a los participantes.

En la Residencia de Estudiantes
El ambiente de la Residencia de Estudiantes, donde Dalí vivió unos años, fue el escenario perfecto para que a su interés artístico se uniera el científico. Por sus pasillos pasaron figuras de la talla de Marie Curie, Albert Einstein y Santiago Ramón y Cajal, y entre sus compañeros se encontraba un jovencísimo Severo Ochoa. En esos años, empezó a mostrar interés por las teorías de Sigmund Freud y convirtió La interpretación de los sueños en su libro de cabecera.

La preocupación por el subconsciente que plasmó en sus obras y el interés por la física de Einstein le sumergieron de lleno en el movimiento surrealista. 'La persistencia de la memoria' y 'El gran masturbador'. En la misma línea, Dalí plasmó los principios de la física cuántica. "En esas obras en que, según se miren, se ve una cosa u otra, se refleja claramente un complejo y abstracto concepto de física: el principio de incertidumbre de Heisenberg", apunta Andrés Aragoneses, profesor de Física y Energía Nuclear.

Pasión por la física nuclear
Pero sería otro tipo de física, la nuclear, la que sacudiría por completo al artista. Así se lo reconoció al escritor André Parinaud: "La explosión atómica del 6 de agosto de 1945 me había estremecido sísmicamente. Desde aquel momento, el átomo fue mi tema de reflexión preferido". Tras lo sucedido en Hiroshima y Nagasaki, Dalí comenzó a plasmar la materia descomponiéndose en numerosas obras y desarrolló su conocida pintura corpuscular, difícilmente separable del misticismo religioso. De esta época son 'La Madonna de Port Lligat' (1950) y 'Cabeza rafaelesca estallada' (1951).

En medio de su fiebre nuclear se enfrascó en uno de sus cuadros más complejos, 'Leda atómica' (1949), para el que se estudió a fondo el tratado de la divina proporción de Luca Pacioli. Se trata de una maravilla geométrica, inapreciable a simple vista, en la que Dalí, con la ayuda del matemático Matila Ghyka, consiguió sintetizar la tradición pitagórica respetando la proporción áurea. Esta obra avivó su interés por las matemáticas, y no paró hasta plasmar las complejas cuatro dimensiones en la cruz del 'Corpus hypercubus' (1954).

Relación con científicos
El artista catalán vivió parte de su vida entre Estados Unidos y Francia, pero en la década de los setenta destaca su relación con científicos españoles como Joan Oró, Santiago Grisolía y Severo Ochoa, compañero de la Residencia de Estudiantes. A petición de Oró y Grisolía, diseñó carteles para congresos científicos organizados en esos años. Una de las últimas teorías que interesó al pintor fue la de las catástrofes, del matemático francés René Thom.

Él apostaba por la unidad de artes y ciencias. Por eso, cuando un periodista de Le Figaro le preguntó por qué le interesaba tanto la ciencia su respuesta fue: "Porque los artistas no me interesan casi nada. Creo que los artistas deberían tener nociones científicas para caminar sobre otro terreno, que es el de la unidad". Veinticuatro años después de su muerte, partículas como el bosón de Higgs no tienen quien las dibuje, dejando a un lado las recreaciones del CERN. Dalí lo habría hecho.

Este artículo originalmente apareció en:http://ecodiario.eleconomista.es/

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